La expulsión de gitanos ha tenido eco en toda Europa. No ha sido la primera nación que se ha decantado por esta alternativa para, supuestamente, acabar con la delincuencia, ya que Berlusconi, primer ministro italiano, ya lo intentó con los gitanos rumanos de los suburbios de las grandes ciudades italianas, como Milan, Nápoles y Roma.
Creemos que esta expulsión, más que por acabar con la delincuencia, tiene un transfondo xenófobo y electoralista. La derecha francesa, en la cual milita el presidente Sarkozy, resultó gran perdedora en las últimas elecciones regionales en el país galo.
Una manera de recuperar votos es la promesa de reducir la criminalidad, culpando por ella a los que menos tienen para defenderse y sobre los que más tópicos sufren sobre el tema, los gitanos rumanos.
Otra situación completamente criticable fue la posición de la Unión Europea, que en un primer momento la criticó e incluso dijo de la expulsión que se trataba de genocidio.
Posteriormente, la Unión Europea reunió a todos los presidentes o primeros ministros de los 27 y decidieron apoyar, por unanimidad, a Francia en su decisión de expulsar a los gitanos.
Creemos que este cambio de opinión se tomó para no alterar a la cúpula política francesa, pero carece totalmente de base. Los rumanos son miembros de la Unión Europea, como lo es un francés, un español o un alemán.
Al igual que cualquiera de los antes mencionados puede moverse sin ningún inconveniente de país por las leyes que rigen la Unión Europea, ¿por qué un rumano no puede instalarse en cualquier país miembro como cualquier otro ciudadano europeo?
Así pues, los miembros de este grupo nos mostramos totalmente contrarios a la expulsión de gitanos por parte de Francia, ya que creemos que carece de sentido y va contra las leyes y acuerdos tomados por la Unión Europea.

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