Juls
La expulsión de los gitanos de Francia no ha sido la primera vez que se ha producido en Europa, ya ha habido otros países que han pasado por este conflicto tan popular últimamente.

Están dando demasiado protagonismo al tema, gastando así bastante tiempo y dinero en hacer algo injusto en mi opinión, ya que los ciudadanos franceses por ser de una etnia diferente se merecen como cualquier otro Europeo vivir donde les apetezca.

Es un tema totalmente político, están jugando con ellos para beneficio suyo. La postura de la Unión Europea también es bastante criticable, ya que desde ujn primer momento dijeron que se trataba de genocidio.
Juls
Adri


Joan Manuel Serrat
Nanas de la cebolla (Miguel Hernández)
Adri
Silencio que naufraga en el silencio
de las bocas cerradas de la noche.
No cesa de callar ni atravesado.
Habla el lenguaje ahogado de los muertos.

Silencio.


Abre caminos de algodón profundo,

amordaza las ruedas, los relojes,
detén la voz del mar, de la paloma:
emociona la noche de los sueños.

Silencio.


El tren lluvioso de la sangre suelta,

el frágil tren de los que se desangran,
el silencioso, el doloroso, el pálido,
el tren callado de los sufrimientos.

Silencio.


Tren de la palidez mortal que asciende:

la palidez reviste las cabezas,
el ¡ay! la voz, el corazón la tierra,
el corazón de los que malhirieron.

Silencio.


Van derramando piernas, brazos, ojos,

van arrojando por el tren pedazos.
Pasan dejando rastros de amargura,
otra vía láctea de estelares miembros.

Silencio.


Ronco tren desmayado, enrojecido:

agoniza el carbón, suspira el humo
y, maternal la máquina suspira,
avanza como un largo desaliento.

Silencio.


Detenerse quisiera bajo un túnel

la larga madre, sollozar tendida.
No hay estaciones donde detenerse,
si no es el hospital, si no es el pecho.

Para vivir, con un pedazo basta:

en un rincón de carne cabe un hombre.
Un dedo solo, un solo trozo de ala
alza el vuelo total de todo un cuerpo.

Silencio.


Detened ese tren agonizante

que nunca acaba de cruzar la noche.

Y se queda descalzo hasta el caballo,

y enarena los cascos y el aliento.

Miguel Hernández
Esta obra habla sobre los desastres de la guerra, de los heridos y mutilados que ésta deja, y el silencioso traslado de todos ellos al hospital, solo roto por el ruido de la locomotora al avanzar.

También habla del dolor que sufren las madres que han perdido a sus hijos, que han sido mandados a la guerra.
Sthefy
GUERRA

Todas las madres del mundo,
ocultan el vientre, tiemblan,
y quisieran retirarse,
a virginidades ciegas,
el origen solitario
y el pasado sin herencia.
Pálida, sobrecogida
la fecundidad se queda.
El mar tiene sed y tiene
sed de ser agua la tierra.
Alarga la llama el odio
y el amor cierra las puertas.
Voces como lanzas vibran,
voces como bayonetas.
Bocas como puños vienen,
puños como cascos llegan.
Pechos como muros roncos,
piernas como patas recias.
El corazón se revuelve,
se atorbellina, revienta.
Arroja contra los ojos
súbitas espumas negras.

La sangre enarbola el cuerpo,
precipita la cabeza
y busca un hueco, una herida
por donde lanzarse afuera.
La sangre recorre el mundo
enjaulada, insatisfecha.
Las flores se desvanecen
devoradas por la hierba.
Ansias de matar invaden
el fondo de la azucena.
Acoplarse con metales
todos los cuerpos anhelan:
desposarse, poseerse
de una terrible manera.

Desaparecer: el ansia
general, creciente, reina.
Un fantasma de estandartes,
una bandera quimérica,
un mito de patrias: una
grave ficción de fronteras.
Músicas exasperadas,
duras como botas, huellan
la faz de las esperanzas
y de las entrañas tiernas.
Crepita el alma, la ira.
El llanto relampaguea.
¿Para qué quiero la luz
si tropiezo con tinieblas?

Pasiones como clarines,
coplas, trompas que aconsejan
devorarse ser a ser,
destruirse, piedra a piedra.
Relinchos. Retumbos. Truenos.
Salivazos. Besos. Ruedas.
Espuelas. Espadas locas
abren una herida inmensa.

Después, el silencio, mudo
de algodón, blanco de vendas,
cárdeno de cirugía,
mutilado de tristeza.
El silencio. Y el laurel
en un rincón de osamentas.
Y un tambor enamorado,
como un vientre tenso, suena
detrás del innumerable
muerto que jamás se aleja.


El poema trata de como es una guerra. Habla de lo que sienten las madres que tienen hijos en la guerra, de la confusión de acontecimientos y sentimientos por los que pasan los que están allí y de como al final, cuando se acaba, no queda más que silencio y el recuerdo de los que se han muerto.

Juls
ACEITUNEROS

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

He leído este poema y me ha gustado mucho. Habla de los aceituneros que trabajan en los olivos de Jaén, ellos son los que cuidan y se ocupan de estos árboles, los que empeñan horas de trabajo y esfuerza para recoger las aceitunas cuando es la época. Debemos saber que esta tradición tan andaluza viene de hace siglos atrás y los aceituneros son los que hacen todo el trabajo antes de que nosotros podamos comer los frutos de los olivos y el aceite. Hace hincapié en el trabajo poco reconocido de los aceituneros.

Juls
  • Obra completa de Miguel Hernández (2010)
  • Dos cuentos para Manolillo (2008)
  • Antología poética (2007)
  • Miguel Hernández para niños y niñas... y otros seres curiosos (2007)
  • 4 poemas de Miguel Hernández y una canción de cuna (2006)
  • Crónicas de la guerra de España (2005)
  • Poemas y canciones (2003)
  • Poemas de amor (2002)
  • Poemas sociales, de guerra y de muerte (2001)
  • El hombre y su poesía (1989)
  • Epistolario (1986)
  • El hombre acecha (1939)(1988)
  • Cancionero y romancero de ausencias (1938)(1999)
  • El labrador de más aire (1937)(1997)
  • Viento del pueblo (1937)(1989)
  • El rayo que no cesa (1936)(2010)
  • El silbo del Dale: Antología (1933)(2009)

Hecho por Sthéfane y Julia Martínez
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